La misma historia de siempre:
Ojos secos que no pueden cerrarse,
Alma agonizante que muere y revive.
Respiración entrecortada,
dolor en la espalda.
Y nostalgia desbordándose
en vanas esperanzas.
No hay peor acto de masoquismo
Que convertir la nostalgia en esperanza.
Pero, ¡Cómo se siente!
Es tan reconfortante.
Pensar que estás cerca,
cómo cuando te esperaba, nerviosa
alistándote la cena.
¿Quien diría que yo
en mi obstinación
me iba a convertir en esa dama
con vestido y listones que, sumisa
atendería a su hombre?
Sólo tú pudiste crearme a tu antojo.
Sólo tú encontraste la puerta prohibida
dónde escondía todo.
Todo lo que quise dar.
Todo lo que quise tener.
Todo lo que tú mismo me arrebataste.
Pero ya no importa
porque sé que volverás
y aquí te esperaré,
con la cena lista.

No hay comentarios:
Publicar un comentario