Él es humo que no desvanece.
Que no aturde. Que no toca.
Sólo me envuelve en letargo
y encuentra un camino
para colarse en mis pulmones.
En mi corazón. En mi alma.
Él es humareda
Que se enclaustra en la oscuridad
y se deja ver a mi alrededor
en cada madrugada.
Él es etéreo,
Tornasol, iridiscente a mis ojos.
Se camufla en el azul de medianoche,
Y antes del alba
me hace menguar
en sus vapores noctámbulos.

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