miércoles, 17 de junio de 2026

Tocar. Amar. Tocar. Herir.




Hay formas en el aire que me dan señales
pero no las percibo.
Recién cuando la lluvia cae
y hay estruendo de luces ahí afuera
haciendo eco en mi cabeza
ya herida
que me delatan ante ti.

Mis cicatrices se han abierto
y duelen,
escocen,
me hacen gritar por dentro
y destruyo todo a mi alrededor,
ahí, dónde tú estás.
El castigo que debo propinarme ante tu herida
y las voces que me culpan
por tenerte aún cerca,
por encadenarte a través de tu propia curiosidad
o, tal vez, nuestros deseos.

Mis espinas crecen, venenosas y afiladas
hiriendote primero a ti,
que te acercaste más que nunca.

¿Cómo corto éste veneno,
si está tan dentro de ti
transformándose, como siempre
en tu olvido y en mi culpa?

¿Cómo olvidar que fui culpable,
Cuando sólo trataste de protegerme
De mí misma?

¿Cómo puedo deleznar el tiempo
que te tomó confiar en mi alma,
ya podrida,
al poderla ver
en su corrompido esplendor?

Pedir perdón no es suficiente, 
mas dar pedazos de mi carne,
de mi alma, mi sangre y mi saliva
como ofrenda de mi propia redención
y tu amor silencioso.

Aquello, espero sea digno
de tu absolución,
de tu cercanía, de tus manos suaves
y la mirada de curiosidad 
que te llevo a encontrar 
mi sórdida insanidad, casi inmortal.

Es hora de que muera.

No hay comentarios:

Publicar un comentario