
Su alteza de la noche se me acerca
y mis ojos se embadurnan de deseo.
¿Será posible ver tanta belleza?
¿O no se me ocurren otros versos?
Su alteza de la noche me sonríe;
congelada, en un segundo me enamoro.
Y al ver cómo la neblina lo describe
irradia una luz que es como el oro.
Su alteza de la noche me acompaña,
y me estremezco cuando toca mi cintura.
Con deleite interminable él me habla
e imagino que sus besos son mi cura.
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