
Mala suerte es cuando en la mismísima víspera de nochebuena ocurre un corto circuito que apaga tu casa por completo. Sin poder tolerar el inmenso aburrimiento mientras observo al pavo enfriar, salgo y paseo brevemente por mi barrio, del cuál huí poco después al darme cuenta que los amables vecinitos empezaban a arrojarme cuetecillos y ratablancas mientras a todo pulmón gritaban "¡Quemen a la bruja!, ¡Quemen a la bruja!". Muy asustada, la bruja vuelve a casa y se pone a escuchar música, hasta que llega el abuelo y empieza la cena, deliciosa, y a la luz de las velas, lo cual me impide ver arañitas y mosquitos cayendo en mi plato. Quizás a oscuras y con el cabello chamuscado por los cuetecillos, pero fue divertido.
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