
Dentro de mis sesos te encuentras, y recorres cada rincón de ellos como en un laberinto cuya salida sabes perfectamente. Te admiro.
Y cada quien toma de mis manos un pedazo de confianza, pero tú tomas de mi boca un pedazo de mi alma. Te admiro, pero te temo...
Estoy haciendo equilibrio ahora en el borde de una copa de ácido muriático que huele a vino. Un aroma que me excita y me trae raciones de tu piel para ser devoradas por mi, como un pichón por tarántulas hambrientas. Pero te veo y no te daño: dejo que tú me dañes. No se siente tan mal.
Regreso a casa y me reflejo en las pálidas paredes de mi cuarto húmedo. No puedo respirar porque tus manos están alrededor de mi cuello. Sonrío ante ello.
Y creo mapas de mundos perdidos con mi pelo sobre la almohada, aspirando vapores que provienen del infierno. Busco alguna salida, algún escape, pero no puedo moverme ni un milímetro. Estoy petrificada con el inmovilizante despertar de tu insanidad.
Y finalmente desperdicié segundos en que la luna estaba cubierta de esta espesa neblina invernal, para verlo todo con los ojos cerrados y despertarte, estando aún yo dormida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario