sábado, 19 de junio de 2010

Vacaciones: sinónimo de INFIERNO interior...


Descanzo, vagancia, alegría... Hipocresía al paso, nada más.
No hay nada peor que las vacaciones.
La falta del estrés enloquecedor de la universidad no es más que una manera de llenar los agujeros negros inmensos en las concavidades más profundas de mi cerebro.
Odio las vacaciones, no las soporto.
Vacaciones es sinónimo de soledad.
Vacaciones es sinónimo de búsqueda, para después no encontrarte,
dejando en la vereda cicatrices de cada búsqueda fracazada
y una arruga más en el entrecejo.
Vacaciones es sinónimo de tristes recuerdos, en los que no soy feliz con lo bello que viví contigo, sino infeliz porque sé que nunca más lo viviré.
Vacaciones es sinónimo de pesadillas en las que te veo alejarte millones de veces. Todas aquellas ausentes de aliento y fuerzas. Ausentes de una madre que cubra mis ojos. Ausentes el abrazo de un amigo. Sólos yo y el frío suelo, al cual me dejo caer en llanto, sin que éste se inmute en mi dolor.
Vacaciones es sinónimo de largos pasillos blancos por los que voy, hasta llegar a una puerta de madera, la cual tocaré para ingresar a la cámara de catarsis. Sin éxito. Sólo más incertidumbre.
Vacaciones es sinónimo de veneno. Píldoras blancas y amarillas que juran hacerme sonreír, sin éxito también.
Vacaciones es sinónimo de libertad. Una que se convierte, inevitablemente, en libertinaje.
Vacaciones es sinónimo de nostalgia,
por anteriores vacaciones en las que nada de esto me importaba, y estaba lo suficientemente ocupada siendo niña y jugando videojuegos.
Odio las vacaciones.
Y más aún, odio escribir tan mal últimamente...

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