
Me doy por vencida. Ha ganado ya el terror. Han ganado las mil pesadillas que en mis escasas dos horas de sueño diarias me atormentan. Han ganado los monstruos que atan mis manos y destienden mis párpados como mis vacías sábanas. Nunca hubo nada. No hay nada. No habrá nada.
Las siete vidas se acabaron. Los pañuelos están ya empapados, mi cuerpo está casi muerto. No puedo ni caminar, ni alimentarme. Se me van las ganas de vivir.
Soy como un equino atado a una cuerda, encerrado en un cubículo con una única ventana, aquella que antes me dio esperanza, y ahora me trae miseria: Un verde campo por el cual trotar libremente. Feliz, junto a mi sol [...] pero no tengo ojos, ni extremidades, ni corazón. No tengo nada. No soy nada.
No podré salir nunca. No tengo más capacidad en mi mente, no tengo más que imaginar. Ya todo lo he concebido, pero nada es real.
Nada es real. Nada es real. Nada es real.
Solo tú eres real.
Sólo tú y la ausencia de tus ojos. No me has visto, pero tampoco vas a verme. No puedes. Ella arrancó tus ojos y se los quedó. Yo no puedo recuperarlos, porque tampoco tengo ojos para ver en dónde están.
No hay comentarios:
Publicar un comentario