Eres como esas tardes en las que el calor es muy fuerte, y empieza a llover sorpresivamente, así como también el rayito de sol que espero al doblar cada esquina: tibio, fresco pero siempre reconfortante. Mi ansiedad crece impetuosamente, mientras un hormigueo desciende de mi vientre a mi sexo al ver cómo te acercas a mí. Cada paso que das me anticipa a tus besos, a los cuales me he vuelto inevitablemente adicta, mientras mi mente se borra por completo para darle lugar a ese secreto, que eres tú.
Eres mi secreto favorito, el más placentero y sublime de todos. Eres reliquia de mis deseos más profundos y mis pasiones más lascivas. Me matas de una manera tan dulce que me enamoré de mi propia muerte. Hazme tu prisionera, tu esclava en la lujuria y deja que impregne mis manos de ti, mientras me ahogo y muero lentamente al sumergirme en tu pelo nigérrimo, como todas las noches en las que hemos decidido encontrarnos para fusionarnos y convertirnos en ese santuario de puro deleite, una llama que juntos hemos creado con cada encuentro, y cuyo resplandor ha sido envidiado hasta por el mismo sol.

No hay comentarios:
Publicar un comentario