Transcurrieron muchos años,
el dolor y los engaños
pero todas colapsaron:
finalmente te encontraron.
A ciegas te busqué
entre noches de satén
y después de un largo infierno
llegaste tú, mi cielo.
Las migrañas y el llanto
las cubrí yo con un manto,
el manto de tus manos,
el calor de tus abrazos.
Mis lágrimas secaste
y tus besos derramaste
en mis párpados heridos
el dolor se fue al olvido.
Es la magia de tus besos
dadivosos como versos,
tu cabello es mi pradera
vino, sueños y madera.
Y de oro son tus ojos,
tan hermosos y gloriosos,
tu piel, un lienzo de los años
que sin mí has desgastado.
Si tan mal escribo ahora
es por culpa de las drogas
que maté porque eres tú
quien me llena de su luz.

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