
Cuando la debilidad arrecia ese sentimiento de inferioridad es difícil encontrar un camino por el cual podamos escapar de todo aquello que hiere, de todo lo que a uno le resquebraja el alma, apuñala el mas pulcro sentimiento y racional pensamiento. No ser alguien es algo que duele si eso es lo que se cree, sin embargo, cuando te das cuenta de que todos somos alguien y se asimila dicho pensamiento en escencia, uno se da cuenta que la vida lo es todo, que es lo más maravillosos que se puede tener, por el simple hecho de ser alguien y serlo todo al mismo tiempo.
Despertar cada día y encontrarte cara a cara con la mismas tres cuartas partes del mundo con ideas superficiales, estereotipadas, discriminantes y banales. A fin de cuentas, eso que pensamos que lo es todo, simplemente es nada. Existe sólo porque uno lo crea en el interior de un pensamiento marchito, en el que el hombre requiere un universo artificial paralelo al suyo para ser feliz, sin darse cuenta que la verdadera felicidad está alli, dentro de nosotros mismos. El problema es que somos tan cerrados y profundizamos tan escasamente lo que nos hace felices que preferimos crear algo a veces absurdo para lograr una imitación de la felicidad.
¿Qué soy yo sin ti? pues sigo siendo la misma persona que siempre he sido, el mismo espíritu vagabundo que se ve rodeado de miles iguales a él. La misma silueta que intenta esconder sus sentimientos tan cercanos a la desnudez, tan cercanos a darse a conocer que no hay nada que más me aterre que el hecho de que me veas emerger de mi boca, mi alma hecha palabras y es alli cuando vuelvo a caer sin fin, en un abismo en el que me acerqué tanto para verte, tan lejos de mí, tan poco visible y tan frío que quema como candentes llamas y no me deja moverme, ni respirar, ni vivir...
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