martes, 23 de junio de 2009

Gritando.


Mis lágrimas recorren mis mejillas como caudalosos ríos en medio de un valle desolado por una guerra, ríos de sangre, y mil cadáveres cuyas almas y cuerpos destruídos quedaron. Mi respiración no es más que un breve alimento a mis pulmones, que pueden soportar con dolor el continuar, el futuro vacío y lleno de desesperanza, y mientras tienen ganas de arrojar ese aire con un grito de dolor se lamenta mi espíritu, en medio de un purgatorio del que no puede salir. Es que duele tanto, como si contuvieras toda la atmósfera en tus pulmones, así me doy cuenta que es peor tener mucho aire para respirar antes que te haga falta el aire. Quisiera que me haga falta éste por tener que compartirlo [*], porque así sabría que viví por algo[*]. Y mientras te escribo, el caudal de este rio aumenta, y duele. El peso del mundo y de todas esas almas muertas, todo el sufrimiento reunido en mi pobre corazón destrozado, que palpita dolorosamente y con dificultad mientras sigue sangrando con tantas heridas de todas mis guerras, todas perdidas, todas cruentas y metaforizando a la muerte con tal fidelidad que podría convertirme en la mejor artista del mundo al describir ese dolor haciéndoselo sentir a todos. [*]. Es absurdo que algo tan simple pueda juntar todo el esplendor caótico en una sola persona, y hacer que viva ese caos como un protagonista en una película infinita. Y es que cortaría mis alas si fuera angel[*]. Y me sigue doliendo. Y vuelven las guerras, y vuelve la muerte. Y vuelve el peso del mundo y del resto del universo. La soledad es como este universo, pero sin estrellas ni galaxias. Solo mil agujeros negros donde me hundo y no puedo salir. Gritar hasta que mi garganta sangre y mis pulmones exploten, y todo este aire se libere, para siempre. Solo quiero que esto termine. Que se acabe. Que muera. Morir.

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