Escrito el 03/06/2009

No es creadora de mis obsesiones, mas sí de mi autodestrucción. No puedo entender cómo puedo odiar algo que daño no me hizo y, sin embargo, me ata a una cruz en la terraza, mientras el sol me provoca quemaduras de tercer grado.
Odio el odio. Por eso me odio. Porque te odio.
La sustancia mas impura del ser, la siento en mi estómago revolverse como una serpiente enclaustrada. Encuentro razones para satisfacer mi fetiche de verte derrumbado, y no sólo a ti, sino a la masa de gente que me crea una casita de dulces como la de Hanzel y Grettel. Casita de mierda, que igual te derretirás con el sol y dejaras mi piel pegajosa. Casita de caries. Casita empalagosa.
Odio el odio. Por eso me odio. Porque te odio.
La sustancia mas impura del ser, la siento en mi estómago revolverse como una serpiente enclaustrada. Encuentro razones para satisfacer mi fetiche de verte derrumbado, y no sólo a ti, sino a la masa de gente que me crea una casita de dulces como la de Hanzel y Grettel. Casita de mierda, que igual te derretirás con el sol y dejaras mi piel pegajosa. Casita de caries. Casita empalagosa.
Y como una anfitriona agradezco a esas ninfómanas por hacerme sonreír al saber que están embarazadas, llorando al no tener dinero para un aborto. Esas ninfómanas que reían a carcajadas de mi torpe comportamiento. La venganza es mas dulce que su casita de mierda. Y no empalaga. Y maldigo a la amiga ingrata, que indigna es de llamarse amiga mía, pues sólo ha de buscarme en su miseria. ¿Y en la mía? Solo le importan sus noviecitos de 5 meses que dicen ser el amor de su vida. Pobre cabeza hueca. Eres nada. Terminarás embarazada. Suelto una carcajada ante ello.
Y mi remordimiento concluye en depresión. Culpabilidad.
Malos pensamientos son todos aquellos, y así mi bipolaridad no cesa. Me odio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario