jueves, 29 de abril de 2010

Se busca...

Caos de muerte, cuando se te tapan los oídos y no puedes oír a la naturaleza gritar por tu ayuda. ¿Cuánto tiempo más contaminaré mis pulmones con este gris veneno vaporoso y amargo, dañando el verdor que, paradójicamente puede ser venenoso? Dime tonta, querido. Y yo te responderé idiota, porque tú no sólo te contaminas. Te matas. Y por ende, me matas a mí. Matas la naturaleza del mar y del campo que nos hicieron vivir brevemente una infinidad de pasiones y amor puro. Más puro que la atmósfera de este planeta cochino que recorríamos madrugadas siendo únicos. Matizándonos con la noche y con la gracia del sonido de altísimos eucaliptos susurrando ante una suave brisa, que fue como tus suspiros haciendo eco a los míos cuando nos entrelazábamos formando una nueva atmósfera. Una cálida y perfumada de chocolate, hasta que nos arrojaron al mar, del que pude salir solitaria y hasta ahora no te pude encontrar, por su infinita profundidad...

No hay comentarios:

Publicar un comentario